Mensaje Pastoral
Septiembre
mes de la Biblia
En el hemisferio sur, entre 21 y
23 de septiembre, después de gélido invierno irrumpe la primavera. Es
gratificante dejar atrás los pesados abrigos, el estar casi encerrado estos
días, el dormir con piyamas de lana y gruesas medias; y nuevamente salir a
caminar, a correr en parques o jardines, observar la vegetación que brota de la
tierra, antes fría y ahora tibia y generosa. ¡Añoro la primavera del cono sur!
Luego, en medio a mis añoranzas,
pude alegrarme estando ahora establecida en el trópico –donde solo tenemos dos
estaciones: caliente y más caliente–, de que en nuestro Panamá, septiembre es
el mes de la Biblia. Y de una forma tal vez nunca antes experimentada, me
percaté que hay similitudes entre las cuatro estaciones del año y la vida en
Cristo de los hijos del Rey. Hoy mi
énfasis estará dirigido solo a dos de ellas: invierno/primavera.
Cuando los seres humanos entregan
sus vidas a Cristo, la mayoría de ellos llegan en el crudo invierno de sus
particulares circunstancias. Todo está oscuro, frío, inhóspito, resbaladizo.
Buscaban abrigo y calor en cualquier cosa, situación o persona, y el frío no se
iba, el refugio se derrumbaba. En ocasiones, la temperatura descendía aun más;
el tiritar, el castañear los dientes eran la compañía constante en nuestro vano
deambula.
Y luego llega el día, bendito
día, que se encuentran con Cristo, el Sol de Justicia; el invierno se aleja, el
tiempo de la canción y el tiempo de las flores toman su lugar. Si antes hubo
insatisfacción, ahora en y con Cristo están satisfechos. Sus ojos brillan, la
sonrisa desaparecida retorna victoriosa y la tierra fría, casi árida por la
inclemencia del invierno vuelve a calentarse, recibe nueva vida; las flores
asoman sus cabezas, los frutos aparecen y hay fiesta en el aire.
Pasan los días, los que habían
pasado del invierno a la primavera se descuidan, las tormentas regresan; el
clima oscila de extremo a extremo –tórrido o gélido– y fácilmente se puede caer
en el engaño del antiguo invierno. Pero no todo está perdido, todavía el Sol de
Justicia está alumbrando su camino. Y antes que se declaren en derrota y
desánimo, recuerde que tu Dios y mi Dios nos ha dejado un legado, legado este
que tiene el poder de nuevamente hacer huir el amargo invierno y permitir que
en nuestras vidas, aunque en entorno fuese verano, otoño o invierno,
internamente y en todas nuestras acciones habrá primavera. El legado que
tenemos es la santa palabra de Dios, la BIBLIA.
El legado divino lo tienes en tus
manos; crea en lo que ella afirma, son las palabras del Eterno vencedor del
despiadado invierno que asola la sufriente humanidad. Aférrate a Sus palabras,
ellas son Palabras de vida; atesóralas, ellas te hacen sabio; no las sueltes,
ellas te encaminarán al refugio seguro y te mantendrán caliente, aun cuando
afuera ruja la tormenta y el granizo y la nieve desgajen lo que encuentren a su
paso. Y recuerden, para los hijos de Dios que hacen de Su Palabra la norma de
vida y conducta “se han mostrado las flores en la tierra y el tiempo de la canción
ha venido”.
¡Septiembre,
inicio de la primavera en el cono sur! ¡Septiembre, mes de la BIBLIA en Panamá!
Mantenga su vida en una perenne primavera, renueva su mente con la eterna
Palabra de Dios; permita que las flores de su vida abran sus pétalos y reciban
a cada momento el calor y el abrigo del Sol de Justicia, Cristo Jesús, Señor
nuestro.